Mis ojos se incorporan de manera violenta y mi respiración se agita al darme cuenta que solo estoy yo.
Mis manos rodeando abrazado mi cuerpo no me permiten cubrir mis oídos. El sonido es cada vez peor y las palabras rebotan en mi cabeza con ese tinte de amargura.
Mis muñecas pican y arden "¿Será que la piel aun está viva?"
Pienso y luego desisto, mi cabeza vuelve a caer en el piso suave y blando.
Me siento como un crío, con mis manos aun rodeándome y mi garganta apretada...
¿Aún escuchas el tic tac de reloj?
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