jueves, 28 de mayo de 2015

Aniquilación Cerebral

A veces me harto de escuchar tanta barbaridad, banalidad y en general, escuchar sus comentarios sin sentido, sobre la vida, sobre la felicidad, la simpleza con la que miran el mundo. Pero esto último incluso me produce un cierto dejo de envidia. He muerto mil veces por culpa de mi cabeza. E incluso he pensado en matarla de manera definitoria, dejar de una vez por todas que genere tanta verborrea de pensamientos insanos, que solo llenan un espacio imposible de manipular.
Los ruidos, las voces, las canciones mal tarareadas, el caminar lento, el caminar rápido, todo se vuelve un  monstruo incontrolable, que en cualquier momento es capaz de devorarme.
Esa opresión en el pecho que solo la incertidumbre puede darte, es parte de esa banalidad. De esta constante en donde giro a miles de kilómetros por segundo. Es una constante inconstante, esa maldita paradoja de querer pertenecer, pero a la vez odiar la pertenencia, odiar ese rasgo que pueda identificarte con cien millones más de personas.  Ese sentimiento de inadaptación en donde eres capaz de fingir por agradar. Ya no puedo hacerlo, mi esencia sale por mis poros y la vomito lentamente. Hay un llanto suave de por medio, que me inunda de cierto placer. Quiero alejarme, que me odien, que no  me busquen, que dejen de pensar que me intereso en ellos. Quiero de una vez por todas no ser nada, nada para ellos, nada para ti.
Es suficiente con saber que soy “algo” para mí, que necesito de mí, de mi cuerpo, de mis manos, de mis piernas, de mi  enfermo corazón con arritmia.
Y vuelve esta verborrea, ese grito visceral en donde saco ese sentimiento de odio. Odio puro, en su más hermosa esencia. ¿Y qué es el odio? Me han dicho que es amor disfrazado…Disfrazado de qué? el odio es pasión, es inconformidad, es  sentir una herida latir, es sangre que corre y brota. Eso es odio, y viéndolo así puede transformarse en amor.
Y aquí viene de nuevo, ese choque inminente entre mi consciencia y los valores. Todo terminará como ayer y antes de ayer, mi cerebro calcinado una vez más, brotando de él, el juego del vaivén del eterno retorno. 

Una vez más me he auto aniquilado. 

lunes, 4 de mayo de 2015

En una isla

Se desnudaron apenas vieron el mar.
Nadaron durante horas
mientras el sol se mantenía firme
sobre sus cabezas.
La felicidad  que sus cuerpos irradiaban
era comparado solo con aquel climax de antaño.
El tiempo inexorable hizo que el cielo
se volviera oscuro y el agua se enfriara.
Sus cuerpos extasiados y agitados sucumbieron en la orilla.
Se miraron como cuando eran adolescentes, sin ser jueces,
sin ver defectos ajenos en los propios.
Olvidaron todo, incluso sus nombres
pero no importaba, pues sus almas seguían intactas.

Mientras ellos nadaban sin final,
sus hijos trataban incansablemente
que aquellos dos lograran reconocerlos.