Que
ganas de estar en aquel lugar ¿lo
recuerdas?
Era una
pequeña cabaña que solíamos alquilar.
Frente a
ella no había habitantes cercanos
y el aire que yo respiraba era el mismo que tú
exhalabas.
La vida
era distinta en esa cabaña, el aroma de la piel,
la transparencia de tus ojos,
el sudor de tu frente era completamente nuevo cada vez que estábamos ahí.
Tus
alas, a pesar del poco espacio, se extendían por completo,
Y mi
mente, a pesar de la magnitud, lograba abarcar cada espacio.
Mis manos
lograban sentir cada rincón
y cada detalle era
descubierto entre risas y lágrimas.
Yo
siempre recuerdo esa cabaña, teníamos todo y a la vez nada.
El
rojizo que tanto te gustaba a mi a veces me avergonzaba,
Pero entendí
siempre tu fascinación por ese color.
Recuerdo
cada gota que bebí, de aquel dulzor.
Tu mirándome
atentamente, esperabas cada reacción,
Como un
niño en la mañana de navidad.
Yo sentía
que tu alma me pertenecía, que tu cuerpo era completamente mío.
Pero tu
corazón nunca estuvo en ese lugar.
Yo te
encontré sin él, y sin él te dejé.
Pero mis
manos pequeñas jamás tuvieron tanta avaricia.
Yo
ahora estoy ahí, en esa cabaña y a veces llegas
Pero no
me ves, no me hueles, no me bebes como antes.
Entonces
muero un poco más,
Escondida
en el diván de tus enfermizas inquietudes,
En donde
me enterraste y me cubres de sal cada
tarde.

No hay comentarios:
Publicar un comentario