jueves, 16 de abril de 2015

A ti...







Que ganas de estar en aquel  lugar ¿lo recuerdas?
Era una pequeña cabaña que solíamos alquilar.
Frente a ella no había habitantes cercanos
 y el aire que yo respiraba era el mismo que tú exhalabas.
La vida era distinta en esa cabaña, el aroma de la piel, 
la transparencia de tus ojos, 
el sudor de tu frente era completamente nuevo cada vez que estábamos ahí.
Tus alas, a pesar del poco espacio, se extendían por completo,
Y mi mente, a pesar de la magnitud, lograba abarcar cada espacio.
Mis manos lograban sentir cada rincón 
y cada detalle era  descubierto entre risas y lágrimas.
Yo siempre recuerdo esa cabaña, teníamos todo y a la vez nada.
El rojizo que tanto te gustaba a mi a veces me avergonzaba,
Pero entendí siempre tu fascinación por ese color.
Recuerdo cada gota que bebí, de aquel dulzor.
Tu mirándome atentamente, esperabas cada reacción,
Como un niño en la mañana de navidad.
Yo sentía que tu alma me pertenecía, que tu cuerpo era completamente mío.
Pero tu corazón nunca estuvo en ese lugar.
Yo te encontré sin él, y sin él te dejé.
A veces queremos tapar el sol con un dedo,
Pero mis manos pequeñas jamás tuvieron tanta avaricia.
Yo ahora estoy ahí, en esa cabaña y a veces llegas
Pero no me ves, no me hueles, no me bebes como antes.
Entonces muero  un poco más,
Escondida en el diván de tus enfermizas inquietudes,

En donde me enterraste y  me cubres de sal cada tarde. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario